viernes, 17 de septiembre de 2021

 e-ISSN 2037-6588 Rassegna iberistica Vol. 43 – Num. 114 – Dicembre 2020 Submitted 2020-09-15 Published 2020-12-21 Open access © 2020 | cb Creative Commons Attribution 4.0 International Public License Citation Lenarduzzi, R.J. (2020). 

Review of La marca del viento, by Varela, E. Rassegna iberistica, 43(114), 475-478. DOI 10.30687/Ri/0392-4777/2020/114/018 475 Edizioni Ca’Foscari

 Eduardo Varela La marca del Viento

René Julio Lenarduzzi Università Caʼ Foscari Venezia, Italia Reseña de Varela, E. (2019). La marca del viento. La Habana: Fondo Editorial Casa de las Américas, 379 pp. 


Mientras leía La marca del viento me acordé de que la crítica literaria había etiquetado como ‘novela de la tierra’ una serie de obras escritas en Hispanoamérica durante las primeras décadas del siglo XX y consideraba como una de sus características más sobresalientes el hecho de que el paisaje o la naturaleza se convertían en muchas de ellas en el verdadero protagonista de la narración. Señalo este particular porque durante la lectura de esta novela de Eduardo Varela, ganadora del prestigioso premio de Casa de las Américas de Cuba, varias veces sentí que el paisaje patagónico llegaba a quitarle protagonismo a Parker, el personaje eje sobre el que gira la historia. Avanzando en la lectura me di cuenta de que la mía era una interpretación apresurada y errada, inducida por el original tejido discursivo que continuamente funde y confunde aspectos geográficos con rasgos humanos o animales creando un enorme fresco donde lo anecdótico y lo descriptivo otorgan a la novela una dimensión realista y fantástica a la vez, que nada tiene en común con aquellas novelas de Eustasio Rivera o Rómulo Gallegos. Los motivos e imágenes más recurrentes son aquellos que remiten a una inexistencia de límites: cielo y tierra, costa y océano, espacio y tiempo, todo se confunde, se fusiona en un desfile de cosas, momentos y situaciones que logran que la realidad se perciba con una apariencia diferente. El paisaje adquiere rasgos animales: ser- Rassegna iberistica e-ISSN 2037-6588 43(114), 2020, 475-478 476 piente, bestia prehistórica, animal tendido. La marcha de un camión por la estepa desolada ya cobra el vuelo, despegándose del suelo, ya se echa a navegar por el desierto. En la soledad patagónica, donde «nadie es de aquí», deambula una humanidad de aventureros, periodistas, gitanos, buscadores de oro, que conforma un inmenso, dinámico y curioso cuadro de fondo de la historia; pero, sobre todo, enriquece el texto superando las contingencias narradas abriéndolas a significados desusados, originales. Parker, el protagonista, es un personaje solitario, excéntrico, que ha abandonado mujer e hijo y deambula por la Patagonia en un camión transportando fruta de un lugar para otro a través de caminos secundarios para evitar los controles policiales. Su única pretensión es «hacer en paz su vida errante». Se lo define como hosco, reservado y misántropo; en sus correrías por el extremo sur del continente conoce a pocas personas con las que mantiene una relación aparentemente amistosa, entre ellos al periodista que anda por aquella región buscando noticias sobre misteriosos submarinos que llegaban hasta esas costas en épocas de la Segunda Guerra Mundial. La vida de Parker se altera cuando conoce en un parque de diversiones a Maytén, la mujer del dueño del parque, a la que logra enamorar y llevarse consigo, afrontando así los cambios inevitables que esta decisión le acarrea; se puede decir que este hecho señala un cambio en la narración, divide la novela en dos. La primera parte de la novela narra las alternativas de los desplazamientos de Parker por la estepa patagónica, su rutina, los encuentros casuales, los gestos acostumbrados en la soledad de la cabina del camión – habla solo o con el espejo, escucha la radio saltando automáticamente de estación en estación –; o cuando hace un alto en la ruta – carga combustible, arma su «salón hogareño» en medio del camino, se ocupa de la entrega de la mercadería o de su recogida en un puerto, toca el saxofón… La llegada a la población donde está el parque de diversiones y el encuentro con Maytén, como ya se ha dicho, marca un cambio en la novela dado que a partir de allí ya no se concentrará en lo cotidiano, lo rutinario de la vida del protagonista, sino en la concatenación lógica de causa-efecto que irán provocando los hechos; de este modo el relato se agiliza con un discreto pero acertado manejo del suspenso. Si en la primera parte la geografía, el paisaje sureño, los hábitos de sus pobladores, cobran significados particulares que permiten hablar de una visión nueva y distinta de un territorio que ha sido descripto y contado tantas veces, en la segunda parte, la narración se apoya en la imagen del tren fantasma del parque de diversiones, su galería de monstruos de trapo, el espanto que provoca la oscuridad y el misterio de esa galería. Ese parque, manejado por dos personajes casi caricaturescos que juegan a ser uno solo, la enorme boca de la entrada a esa galería del terror que es el grotesco tren fantasRené Julio Lenarduzzi rev. Eduardo Varela René Julio Lenarduzzi rev. Eduardo Varela Rassegna iberistica e-ISSN 2037-6588 43(114), 2020, 475-478 477 ma, representan el vórtice en el que la vida de los protagonistas se va metiendo y en la oscuridad de ese espacio suceden desde los primeros encuentros entre Parker y Maytén hasta una serie de hechos que marcan la historia de los protagonistas y de quienes los rodean. El paisaje abierto, de pura intemperie, de la Patagonia, resaltado en la primera parte, contrasta con ese espacio oscuro, cerrado, del túnel del terror en la segunda: paisaje y túnel se vuelven así imágenes centrales cargadas de simbología y motivos representativos de cada una de las partes de la novela. La ambigüedad del personaje central, su identidad incierta, misteriosa, se corresponde con una serie de motivos que aparecen aquí y allá a lo largo de la novela creando una atmósfera de extrañamiento, un clima de irrealidad, que refuerza la dimensión existencial del paisaje, rasgo que lo diferencia de la ‘novela de la tierra’; las cosas con frecuencia no son lo que son, las palabras que las mencionan muchas veces no son las apropiadas: algunos personajes a menudo corrigen a los otros: ‘ese instrumento es un saxofón, no una corneta; un astrolabio no es lo mismo que un sextante o una brújula’. El nombre de un pueblo ya es El Suculento, ya Jardín Espinoso y no se entiende cuál es el verdadero; a propósito de toponimias, los lugares recorridos por Parker durante sus andanzas poseen nombres que de por sí revelan la aspereza del lugar: Puerto Hondo, Barranca los Monos, Llanura de los Muertos, Sierra Turbia, Salina Desolación, Pampa del Infierno. En esas extensiones desoladas no faltan las leyendas, los casos, las supersticiones, muchas tomadas de la realidad, otras, en cambio, pertenecen al mundo de la ficción: relatos de naufragios, submarinos misteriosos, una tribu de mestizos antropófagos (los «Trinitarios»), naves espaciales, santos de la canonización popular, minas abandonadas; todos ellos aparecen insertados en el hilo narrativo y a veces saltan del plano de las supersticiones populares y, sin que el narrador haga hincapié en ello, más bien como un guiño al lector, se insertan en el plano de la realidad representada, confirmando la veracidad de esos hechos y de esos seres que aparentemente pertenecen a la dimensión de lo imaginario. El paisaje patagónico, tantas veces recreado por la literatura y el cine, adquiere en la novela de Eduardo Varela un aspecto nuevo, originalísimo, pero perfectamente reconocible como paisaje patagónico. Gracias a la magia de las palabras se reinventa ese espacio diverso asociándolo tanto al carácter de los personajes como a los hechos que protagonizan; y es más, envolviendo todo el relato en un aura cósmica, trascendente. Como se ha dicho más arriba, esta novela ha merecido el primer premio de la Casa de las Américas de Cuba en su categoría con un jurado integrado por Adrián Curiel Rivera, de México; Víctor Goldgel, de Argentina; Lina Meruane, de Chile; Anne Marie Metailié, de Francia; y Eduardo del Llano, de Cuba. No hace falta mencionar el prestigio del que goza este premio en ámbito internacional y basta Rassegna iberistica e-ISSN 2037-6588 43(114), 2020, 475-478 478 recordar algunos escritores que lo han merecido como el salvadoreño Roque Dalton, el mexicano Jorge Ibargüengoitia, el argentino Ricardo Piglia, el peruano Alfredo Bryce Echenique, el venezolano Luis Britto García, el chileno Antonio Skármeta, el uruguayo Eduardo Galeano y tantos otros. La obra ya ha sido traducida al francés y editada también en 2020 por editorial Metailié bajo el título Patagonie route 203.

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